Llega MACRI a Misiones y al misionero, "¡ni le tinga!"

Politica

 

Candidato prohibido

Muchas cosas cambiaron desde aquel lejano 2015 en que, con miedo y lo más rápido posible MACRI llegaba a Misiones, provincia de la cual había recibido amenazas de muerte si se presentaba por estos pagos. Sin embargo, a pesar del miedo, pudo llegar y presentarse a sus partidarios para decirles que “se puede” cambiar el destino de la Argentina si todos juntos nos unimos en contra de la corrupción y la violencia, que encarnaba el peronismo kirchnerista. Fueron los comerciantes, los empresarios y los dueños de las grandes extensiones de tierra de Misiones quienes estuvieron acompañando a Ziegler en la bajada vieja, mientras los otros, el pequeño y casi minúsculo PRO, se ubicaba a los rincones superados por la “gente común y trabajadores” que anhelaban el cambio que proponía Macri muchos de los cuales, querían creer que podría llegar a ser presidente, pero que en el fondo no ocultaban su escepticismo.  Unos meses después en Eldorado la gente de campo, productores tabacaleros, yerbateros, del sector maderero y de los grandes supermercados en las principales ciudades de Misiones se sumaron en aquel galpón a oír, de este candidato que era desconocidos para muchos, las palabras de aliento: “se puede cambiar”, “tenemos que estar unidos”,  “lucharemos contra la corrupción”, “vamos a hacer lo que tengamos que hacer para recuperar nuestros valores como argentinos”, etc. Y dio resultado. En la segunda vuelta, Misiones fue una de las provincias que lo voto que sumado a los votos del resto, alcanzo a superar al candidato del kirchnerismo Daniel Scioli que ni sus propios comprovincianos lo votaron.

 

El día después

Luego del triunfo de Macri y tras su escandaloso ascenso provocado por la negativa de la expresidenta asistir al cambio de mando, quienes tienen llegada al riñón del poder renovador en la provincia decían que Carlos Eduardo Rovira ya lo tenía todo calculado, tanto si ganaba Scioli o si ganaba Macri para que sean los responsables de negociar la subsistencia económica de su partido y del resto de los misioneros. Que al fin y al cabo son quienes votan. Nunca lo dijo el ingeniero, pero si “solo los hechos dan fe a las palabras” pareciera que Rovira se siente más cómodo con un hombre que conoce que con alguien que no sabe cómo podría haber resultado el maridaje. No por nada, Macri y él supieron compartir las mieles del poder en aquel lejana década de los noventa, cuando un presidente peronista de derecha, como Carlos Saúl Menem los unió a él y a su jefe político por ese entonces, Federico Ramón Puerta. No hizo falta demasiado protocolo para que, finalmente el jefe renovador se le volviera a pintar en el rostro esa sonrisa, que se parece bastante a un gesto, con la que transmite a los misioneros su conformidad por el acuerdo. Y fue Passalacqua, aquel radical ex integrante de la Coordinadora del Cotí Nosiglia, quien fue el encargado de negociar la gobernabilidad. 

Y al estrecharse las manos, Passalacqua sintió que con Macri compartirían más que el gusto por el champagne y Europa.  Mientras Rovira observaba embelesado como su hijo político, jugarían juntos con Macri el  juego del poder que tenían por delante en los próximos años. Como un padre satisfecho por un matrimonio de conveniencia, logrado con el nuevo gobierno que llegaba al país, Rovira sabía que podía contar con Macri, aunque hacia afuera debía seguir siendo coherente y apoyando a quienes en su momento fueron sus aliados políticos.  Pero los resonantes casos de corrupción que este “poco confiable Mauricio Macri” con sus aliados, hizo que tomara las debidas precauciones del caso, ya que en toda situación política, “siempre hay una puerta trasera.”

 

Amigos son los amigos

Y poco después de acordar con Macri la gobernabilidad, aparecieron en el escenario político de la provincia, los hermanos Schiavoni, hombres fuertes de Macri en Misiones. Además del “molesto y traidor Ziegler”. A quien Rovira odia más que a Puerta, según dicen puertas adentro de la Renovación. Porque Rovira no olvida lo que le hizo su ex hombre fuerte en temas del agro. Memorioso quizá, el jefe renovador ve en el grandote algo de justicia divina que le hizo probar el mismo remedio que utilizo él en su momento y que quedo en la historia como alguien que “mordió la mano” a su propio jefe político de aquel entonces y tras lo cual al irse del justicialismo  misionero fundo su partido, acompañado por otros “pichados” del justicialismo y del radicalismo. Asi que Rovira se ocupó de captar primero al nuevo diputado provincial Alfredo Schiavoni, ofreciéndole una cuotita del poder que detenta a su lado y luego, cuando Humberto llegó a la poderosa Yacyretá, envió emisarios para dialogar. Ya que, él al igual que Schiavoni formaban parte del riño político puertista que en los noventa regían los destinos de la provincia y parte del justicialismo vernáculo.

 

Una visita necesaria pero molesta

Hay muchos cabos sueltos, entre la renovación y el gobierno de Macri. Y la gente, el votante lo sabe. Sabe que quien ejerce el poder con mano de hierro en Misiones, no permitirá el disenso, como lo demuestra la tozudez de dejar sin efecto la ley de lemas que los mantiene en el poder. Pero también saben que Macri no es confiable a la hora de negociar para lograr su cometido, en cuestiones que lo favorezcan. Dos ingenieros negociando desde el poder, Macri desde lo nacional y Rovira desde lo provincial.  Hasta el momento la renovación espera ansiosa algún movimiento en el tablero de la política nacional que les permita ubicarse con un aliado que favorezca los negociados permitiéndoles mantener el “statu quo” de lo contrario con la suma del poder en sus manos, en caso que las elecciones de Octubre le resulten favorables a Macri, desataría el tan temido ajuste en todo el país, que sería peor que el gradualismo que viene aplicando hasta el momento. Y será entonces donde la renovación, sin dinero, perderá irremediablemente su cuota de poder en el espectro político provincial.  Como en la época de la colonia, donde los encomenderos de España gobernaban por estas latitudes,  Rovira “acata pero no obedece” los mandatos de Buenos Aires.

Misiones está muy lejos y él sabe que tiene que controlar poniéndolos de su lado a los hermanos Schiavoni, a los que deja vivir, no sin hacérsela fácil tampoco, y hacer como lo viene haciendo con los otros “partidos de la oposición”. Que protestan, se quejan, levantan banderías para sus afiliados y simpatizantes, pero en el fondo no solucionan nada, denuncian menos y hacen política con los renovadores, mirando para otro lado mientras los demás continúan haciendo sus negocios de frontera.  Mientras puertas adentro del partido los “díscolos muchachos” (como llamaba el general a los Montoneros) se retiran del recinto, donde tienen una banca que les fue otorgada por el pueblo misionero, antes que votar favorablemente el desafuero de Julio De Vido (un amigo de Ros y de Spotorno, entre otros) demostrando lealtad a la reina Cristina, que sonríe sintiéndose segura al saber que si no lo tocan a De Vido a ella menos cuando llegue a la cámara alta del Senado de la Nación. En síntesis, que venga Macri a presentar a sus candidatos, será más para las chismosas del pueblo que para marcar una impronta o hacer una diferencia.